Teniente Don Luis Cenobio Candelaria

Historia del primer cruce de la cordillera de los Andes en un Aeroplano

El sábado 18 de abril de 1918 el Teniente Luis Cenobio Candelaria, con un monoplano Morane Saulnier Le Rhône 80 HP, llevó a cabo el primer cruce aéreo sobre la cordillera de los Andes que unió a Zapala, provincia de Neuquén, con la localidad chilena de Cunco, a 230 kilómetros del punto de partida, tras un vuelo de 2 horas y media que alcanzo una cota máxima de 4100 metros.

El raid tuvo notable repercusión en el mundo y constituyó una estupenda hazaña aeronáutica argentina que quedó inscripta como uno de los logros más significativa en la siempre recordada época de oro “de los más pesados que el aire”.

 

 

El Primer Cruce Aéreo De la Cordillera de los Andes

 

El Teniente Luis Cenobio Candelaria -Egresado en 1916 del cuarto curso de la escuela Militar de Aviación- Aspiraba como muchos otros pioneros de la época , realizar el cruce de la Cordillera de Los Andes en aeroplano, para lo cual efectuó detenidos y profundos estudios en la zona del Neuquén y proyectó el Raid con cuidadosa precisión.

El dos de Abril de 1918 trasladó su avión Morane desde el Palomar a Cañuelas y desde allí fue cargado en un tren con destino a la ciudad neuquina de Zapala .

Cuatro días después, la máquina fue armada y alistada para el vuelo; se llevaron a cabo dos tentativas los días 8 y 10, que reportaron valiosas experiencias.

Finalmente el 18 de abril de 1918, Candelaria cumplió la travesía que constituyó una hazaña memorable.

Por primera vez se había cumplido un vuelo sobre los Andes que unió la Argentina con Chile.

Hubo una profunda fe en Candelaria y sus colaboradores para concretar la empresa.. La velocidad máxima del Morane Saulnier llegaba a los 140 kilómetros y su autonomía de vuelo alcanzaba sólo a tres horas y media. El Aeroplano estaba constituido de madera y revestido con tela de lino. Su instrumental se redujo a los niveles de nafta y aceite. Los datos meteorológicos fueron nada más que la observación del cielo claro y vientos calmos. El destino fue el desconocimiento total de la zona chilena, naturalmente sin aeródromo.

 

LOS ANDES DOMINADOS

 

Luego, el mismo Candelaria describió el vuelo con realismo y sencillez propio del héroe.

“...a las 2.30 AM el mecánico Miguel Soriano y los aprendices dieron comienzo al tarea de  transportar el aparato fuera del pequeño galpón que le servía de reparo y procedieron a armarlo.

“La tarea, hecha bajo un intenso frío y a la simple luz de dos linternas eléctricas de bolsillo resultó en extremo pesada para los tres hombres  del destacamento.

“la mañana del 13 se presentó radiante de sol, fría y con una brisa a intervalos, pero sucedió que el tensor del último cable que debía ser ajustado tenía en su interior granos de arena  arrastrados por el viento durante los días 11 y 12. Al hacer girar el tensor, este se engranó y ya no hubo poder humano que lo hiciera girar en sentido alguno. Se probaron sopletes, a fin de facilitar la tarea por calentamiento y se consiguió, que el mismo se rompiera. A las nueve de la mañana la brisa se hacía mas sostenida y no teníamos de repuesto adecuado. El personal de destacamento se esmeró como nunca y a las tres de la tarde el aparato estaba listo para partir.

“Hice el decolaje hacia el este. Desde el primer momento noté la atmósfera agitada y presentí que iba a sostener una fuerte lucha. Gané los dos mil metros de altura y me dirigí hacia los cerros Carrere.

“Recuerdo que en esos momentos me consideraba satisfecho con poder llegar a Chile, aunque debiera estrellarme.

“A las dificultades propias de estos vuelos se agregaban la característica agitación por los vientos encontrados, que parecían luchar por el predominio en los altos picos. El aparto no lograba mantenerse sino breves instantes en cada altura alcanzada , lo que perdía y recuperaba sensiblemente sin que ello mediara mi voluntad, lo cual provocaba mi inquietud.

“Cuando hubo pasado la línea de los más altos picos de la cadena del Chachil sólo estaba a 2950 metros sobre le nivel el mar, y vi hacia el frente y a ambos costados una inmensa sucesión de serranías de ingrato aspecto. La agitación atmosférica fue entonces un poco menos intensa y eso me permitió decidir, con más tranquilidad la ruta a seguir.

“Tenía ante mi vista el Lago Aluminé tras el cerro Picholoncolá en Argentina y, cordillera del arco por medio, poco visibles los reflejos del lago Hueyeltué en territorio chileno.

“Me dirigí resueltamente al Hueyeltué. De los 2950 metros pasé a los 3150 m. mientras volaba al norte del cerro Cochicó.

“Antes de llegar al límite internacional alcancé los 3500 m. de altura.

“El momento fue para mi solemne  después de las angustias pasadas, de toda mi ansiedad y ante la expectativa de lo que podía sucederme, sentí honda, muy honda emoción, una emoción tan grande que aún hoy al recordarla, viva satisfacción me embarga.

“Por fin cruzaba al límite argentino-chileno en un ave mecánica".

 

VOLANDO SOBRE CHILE

 

“A los cincuenta y tres minutos después del decolaje y previo un recorrido de 95 kilómetros pasé el límite al nordeste del Paso del Arco y a 3.500 metros de altura. Eran las 4.27 PM.

“Alcancé los 4.000 metros pocos momentos después de pasar la laguna Quililó. Hállase esta laguna situada a unos 1.114 metros sobre el nivel del mar y en un estrecho cajón formado por las cadenas del Llaimá, Sierra Nevada y la cordillera de Las Raíces.

“Viré hacia la derecha y, con una ruta al sudoeste, inicié un vuelo picado a fin de avanzar en gradual descenso.

“Sobre el primer impulso sufrido por el aparato y al sentirlo “dormido” decidí el aterrizaje en un terreno que tenía abajo, y en espiral pronunciada hacia la izquierda,  cerré las llaves de alimentación del motor y corté el contacto.

“El terreno resultó pequeño y limitado por un arroyo barrancoso a la izquierda de la dirección de aterrizaje norte, con grandes árboles a la derecha (sur) y cercos al frente (este). Luché, aún teniendo viento de cola, por aminorar la velocidad del aparato con el timón de dirección y acción de estabilidad lateral conseguí algo, pero sin poderlo virar por los obstáculos más próximos.

“Llegué hasta pocos metros del cerco y en dirección oblicua del mismo. Tuve el tino suficiente para maniobrar y, accionando todo el timón de dirección, encaré normalmente el cerro al mismo tiempo que apoyaba instintivamente la mano izquierda, con el brazo tendido, en el capot  y con el brazo derecho  protegía la cara.

“Una vez detenido bruscamente el aparato, me vi cabeza abajo, colgando las correas, mientras de las tapas de los tanques salía nafta en abundancia . Con algunos esfuerzos y colgándome del asiento pude desprender, presuroso, las correas y deslizarme entre el fuselaje y las alas, y llegue a tocar tierra primeramente con las manos. Me hizo el efecto de volver gateando a la vida…

“La primera mano que estreché fue la del señor Eustaquio Astudillo, quien se hallaba  acompañado de otras personas. El señor Astudillo no pudo menos que expresarme su admiración y confirmarme que había sido el primero en cruzar el avión  la cordillera de los Andes”

“Había llegado a Cunco, distante doscientos treinta kilómetros de Zapala.

“El aparato estaba allí . Capotado, con hélice rota y fuselaje deteriorado que mostraba una plaqueta reluciente donde se leía “donación de las damas mendocinas a la escuela de aviación militar”

El traslado del aparato a Santiago fue toda una  odisea; allí fue recibida triunfalmente por las autoridades y el pueblo, que lo aclamaron.

En 1919 Candelaria intentó cruzar la cordillera desde Mendoza , es decir, por parte mas alta del macizo se elevo sobre Mendoza pero la intensa bruma malogró el raid.

Repitió Candelaria sus tentativas el 17 y 26 de abril del mismo  año sin éxito y, en adelante no insistió.

 

EL CÓNDOR PLIEGA SUS ALAS

Este pionero de la aviación nacional había nacido en Buenos Aires el 29 de octubre de 1892.

El 25 de diciembre de 1963, a la edad de 71 años en Tucumán, donde reside desde 1955, fallece el héroe andino que dio gloria a las alas Argentinas.

Siendo ya su fin y en presencia de su esposa Francisca Ángela Rampone, dictó a su hija Ana Luisa las instrucciones a seguir después de su muerte y una de ellas expresaba su deseo de ser sepultada en Zapala.

Pidió, además, y así se hizo, que se construyera en el cementerio de esa localidad neuquina una simple tumba de mármol blanco, con una cruz blanca y sin adornos, con una sola inscripción “13 de abril de 1918”.

Estos deseos fueron cumplidos, años después, cuando sus restos fueron trasladados desde Tucumán a Zapala, cuyos pobladores lo consideraron desde el mismo momento de su llegada a la zona en 1918, su hijo dilecto.

 

ARRIBA

 

EL VENCEDOR DE LOS ANDES

por A. Franke

 

http://www.aeroespacio.com.ar/site/anteriores/529-537/530/andes.htm

 

 

"Es necesario afianzar la tendencia de dar al vuelo mecánico el simple valor de las cosas corrientes y es deber de todo piloto contribuir a ello. Va en juego el bien de la humanidad y es un homenaje a los que por el vuelo dejaron de ser".

 

Capitán Luis C. Candelaria

 

"En la soleada mañana del 13 de abril de 1963, el entonces Comandante de la Fuerza Aérea Argentina, Brigadier D. Carlos Conrado Armanini, realizaba una visita protocolar y de cortesía al Capitán (R) D. Luis Cenobio Candelaria en la ciudad de Tucumán. En esas circunstancias, integrando la comitiva oficial, tuve la oportunidad de estrechar la todavía fuerte diestra del Vencedor de los Andes en aquel 45º aniversario de su histórica travesía.

No debo haberme sentido muy cómodo al comprobar el limitado conocimiento que tenía respecto a la hazaña aeronáutica del 13 de abril de 1918 y a su protagonista, ambos tan íntimamente ligados a los albores de la Aviación Argentina, a cuya Fuerza Aérea yo estaba muy orgulloso de pertenecer. Quizá debo haberme prometido allí mismo mejorar lo más pronto posible mis conocimientos sobre aquellos acontecimientos y episodios fundacionales sobre nuestra vida aeronáutica... pero transcurrirían más de 30 años sin que tuviera tiempo de cumplir con lo prometido, al cabo de los cuales mi información al respecto continuaba tan deficiente como al comienzo, y cuando al fin pude hacerlo descubrí que la personalidad de D. Luis Cenobio Candelaria era tan extraordinariamente valiosa como desconocida. Me dispuse entonces a recopilar la mayor cantidad posible de datos sobre su vida, con los cuales pude conformar este ensayo biográfico que publico, con la intención de que sirva principalmente para divulgar, sobre todo a las futuras generaciones, aspectos insuficientemente conocidos, pero plenos de enseñanzas, de las difíciles primeras épocas de nuestra aviación.

Dedico este trabajo a la comunidad de la ciudad de Zapala que venera con gran devoción la memoria del Capitán Candelaria y cuyas tierras fueran elegidas por él como lugar para su descanso eterno".

De esta forma escribe el Vcom. (R) Federico Guillermo Pockorny, Aviador Militar y Oficial de Estado Mayor, en la presentación de su ensayo biográfico titulado Luis Cenobio Candelaria, Capitán de Ingenieros y Aviador Militar, 1892-1963, Precursor y Benemérito de la Aeronáutica Argentina, obra que es posible consultar en la Biblioteca Nacional de Aeronáutica.

En la introducción del trabajo el autor cita: "El Capitán de Ingenieros, Aviador Militar, D. Luis Cenobio Candelaria es un gran prócer de la aeronáutica argentina y mundial. El hecho culminante de su vida aeronáutica militar fue la realización, el 13 de abril de 1918, de la Primera Travesía de los Andes en aeroplano desde Zapala, Neuquén, hasta Cunco, Chile (230 km, a 4100 m de altura), con un avión impulsado por un motor de solamente 80 hp, el cual sobre El Palomar, en un vuelo previo, le había permitido alcanzar 4 500 m de altura. Era entonces un joven Teniente de 25 años de edad con flamante diploma de Piloto Aviador otorgado por el Aero Club Argentino y ya aprobados sus exámenes para obtener el diploma de Aviador Militar.

El Tte. Candelaria conquistó así para la Argentina "un gajo más de laurel para su corona de espléndidos triunfos aeronáuticos de trascendencia mundial", y sus méritos fueron de inmediato reconocidos por autoridades y opinión pública universales. La posteridad lo incluyó entre los Precursores y los Beneméritos de la Aeronáutica Argentina.

Nació en la ciudad de Buenos Aires el 4 de octubre de 1892, murió en la ciudad de Tucumán a los 71 años de edad, el 24 de diciembre de 1963 y, según su voluntad, sus restos descansan en el cementerio de la ciudad de Zapala, lugar desde donde inició su histórico vuelo y cuya comunidad lo recuerda cada 13 de abril con sentida y patriótica ceremonia.

Egresa del Colegio Militar de la Nación a los veinte años como Subteniente de Ingenieros solicitando incorporarse al Primer Curso de la recién creada Escuela de Aviación Militar. A los veintiún años, siempre atraído por la aviación, es fuertemente impresionado por la muerte de Jorge Newbery y en sus exequias se compromete a sí mismo a cruzar la Cordillera de los Andes. Cumplidos sus veinticuatro años es convocado para realizar el Cuarto Curso de la Escuela de Aviación Militar y después de un año de brillante aprendizaje recibe el diploma de Aviador Militar. Ante la negativa de las autoridades para que se sobrevuelen los Andes por Uspallata, en una operación prolijamente preparada y ejecutada, concreta la travesía por la cordillera patagónica, hazaña que mereció el reconocimiento de la opinión mundial. Un año más tarde, piloteando su viejo Morane Saulnier Parasol Mendoza, la suerte no lo acompaña en su intento de travesía por Uspallata. Para entonces ya están llegando los aviones de la Europa de posguerra con más fuertes estructuras y poderosos motores, con los cuales el cruce es naturalmente menos dificultoso. Candelaria se aparta de la aviación pero no de la cordillera mendocina a la cual regresa para cumplir por tierra arriesgadas tareas de relevamiento topográfico militar. Es entonces cuando sufre un accidente, con graves consecuencias para su salud e integridad física que le significa la interrupción de su carrera militar.

Los siguientes cuarenta años en situación de retiro los vivió luchando por su muy quebrantada salud, aunque gozando de gran lucidez mental, realizando obras de beneficencia, esfuerzos por educar a la juventud y dedicado a la pintura artística.

Además de su Memoria de la primera travesía de la Cordillera de los Andes en aeroplano es autor de una gran cantidad de artículos periodísticos y folletos: en algunos de éstos incursiona en los aconteceres políticos nacionales de las épocas que le toca vivir; a través de su lectura es posible profundizar en el pensamiento de este gran precursor, dueño del temperamento y del carácter necesarios para enfrentar con criteriosa inteligencia, extraordinario valor, gran fe y profundo patriotismo una proeza que implicaba un desafío muy difícil de afrontar con éxito, con la precaria tecnología aeronáutica disponible entonces (...). Es muy poco conocida la vida de gran parte de quienes forjaron nuestra realidad aeronáutica y ésta es una muy grave deficiencia cultural. No son necesarias frondosas biografías; basta difundir páginas someras que resalten los rasgos principales de la personalidad de todos aquellos que ofrendaron parte o todo de su vida en pro de la navegación aérea, como dominio de las técnicas necesarias para trasladarse a voluntad a través del aire desde uno a otro lugar; ello permitirá que, cuando se honren sus memorias, se lo realice con el suficiente conocimiento sobre el particular, como también extraer enseñanzas y lecciones para la juventud, en este sentido cuanto más "globalización" tengamos, más debemos hacer uso y "abuso" del mensaje contenido en aquel significativo párrafo de Nicolás Avellaneda:

"Los pueblos que olvidan sus tradiciones pierden la conciencia de sus destinos, y los que se apoyan sobre sus tumbas gloriosas son los que mejor preparan su porvenir"

 

ARRIBA

 

Candelaria cumplió el sueño

de cruzar nuestra cordillera

 

http://www.lmneuquen.com.ar/08-03-14/n_pioneros42.asp

 

Se cumplieron 89 años de la gran hazaña del teniente del ejército que piloteó un Morane Saulnier para unir el Neuquén con Cunco, Chile.

       

Año 1917. Quilmes, pcia de Buenos Aires. Elegante reunión de camaradería brindada a los alumnos extranjeros del 4º curso. Los primeros ubicados a la derecha : Teniente Luis Candelaria y Teniente Parodi.    

 

Una apretada síntesis de hechos, personajes y acontecimientos que acompañaron la proeza de la aviación en 1918.

 

Sucedió hace noventa y cuatro años. Fue, exactamente un martes 2 de abril de 1913 cuando se inicia el derrotero de una gran hazaña. El legendario teniente Candelaria despega a bordo de su Morane Saulnier desde la base aeronáutica de El Palomar, ubicada en la provincia de Buenos Aires.

Su primera escala la realiza en la Estancia Santa Elena, propiedad de don Julián Erazún, ubicada en Cañuelas, provincia de Buenos Aires, lugar donde desarmó el avión que piloteaba para luego transportarlo en un vagón del Ferrocarril del Sud con destino a Zapala, Territorio del Neuquén.

Sus compañeros de ruta fueron el mecánico Miguel Soriano y sus ayudantes, los soldados voluntarios Ramón Jiménez y Juan Valentín.

Durante el trayecto, en las modernas instalaciones del tren que lo llevaba a la nueva “punta de riel”, conoce a Gabriel Marlat, al que recordó más tarde como un “hospitalario hombre de Zapala” con quien coinciden los destinos y, desde ese momento, Marlat estuvo “a su entera disposición”.

El sábado 6 de abril llegan a Zapala y de inmediato se disponen a armar el avión hasta que queda en condiciones de iniciar el vuelo. La monotonía de la promisoria localidad se ve interrumpida con el arribo del gestor de una gran hazaña. El objetivo del teniente Candelaria era cruzar con su Morane Saulnier la cordillera de los Andes.

Los días siguientes encontraron a Candelaria realizando sus primeros intentos de coronar con éxito sus sueños, pero las malas condiciones del clima no se lo permitieron. El reconocimiento del terreno y el comportamiento de su máquina en condiciones adversas fue una buena manera de aprovechar el tiempo y no darlo por perdido.

El 9 de abril, las condiciones atmosféricas continuaban retrasando el anhelo de Candelaria. Un fuerte ventarrón dio vuelta un carro y derribó una casa, hechos que obligaron a Candelaria a resguardar su avión en un galpón.

Los vecinos se fueron solidarizando y simpatizando con el avezado aviador que intentaba, contra viento y marea, poder realizar el cruce de los Andes. Entre tantas piedras que encontró en el camino se sumó la mala predisposición de un periódico local que minimizaba el titánico esfuerzo de Candelaria y su máquina.

Esto provocó una reacción en el vecindario zapalino. En honor al sueño y al esfuerzo de Candelaria destacadas familias de Zapala le ofrecieron un banquete en el Hotel La Paz, propiedad de José y Salim Abdala. Entre otros, asistieron representantes de las familias Bosco y Estéves que participaron de los honores a Candelaria. Durante el espontáneo evento tuvo uso de la palabra el Juez de Paz Ricardez y los vecinos Monti y Miranda. El banquete fue el suceso que logró gran repercusión en el medio local.

En medio de los comentarios, en pro o en contra, de la hazaña que intentaba llevar a cabo Candelaria, nació una gran amistad entre el futuro gobernador del Neuquén, Félix San Martín y el periodista Martín Etcheluz quienes, a la vez eran amigos del capitán Francisco Saturnino Torres quien, a la sazón, fue uno de los que proyectaron la hazaña que estaba a punto de llevarse a cabo. Francisco Saturnino Torres había llegado a Neuquén en 1938 con el cargo de inspector general de Gendarmería Nacional en el Neuquén.

Luego del banquete y los eventos que elevaron la moral y el espíritu vencedor de Candelaria, planea un nuevo intento en la noche del día 12 de abril. Al día siguiente, a las dos y media de la madrugada el mecánico Soriano comenzó el armado del aparato. A las t res de la tarde cargan combustible y aceite suficientes para cuatro horas de autonomía. Además la máquina que pilotearía Candelaria llevaba herramientas, armas, víveres y ropa interior. El cargamento, incluido el piloto, sumaba unos 250 kilos.

Exactamente a las tres de la tarde partió finalmente el teniente Luis Candelaria para poder cumplir su objetivo.

 

El periplo

El Morane Saulnier carreteó y se elevó contra el viento que soplaba del Este, luego realizó un viraje hacia el oeste pasando a gran altura por sobre el cerro Carreri dejando a la izquierdo el paso de Zainuco. Luego sobrevuela la cordillera del Chachil, donde se encuentra con una gran turbulencia provocada por el viento del Este que impulsaban la cola del avión. Además poderosas ráfagas del Sud Oeste originaron una gran agitación atmosférica a minutos de llegar al territorio chileno. Grandes nubarrones en la región sur y espesa bruma hacia el norte le impiden ver los valles centrales y la costa. El teniente Luis Candelaria decide detener su viaje y realiza un aterrizaje de emergencia en Cunco, ubicada a 50 km. de su destino primario. Al tocar tierra la máquina sufre averías que hacen imposible continuar el viaje.

Sin embargo Candelaria en dos horas y media realizó la hazaña, por esta razón es recibido por autoridades del país hermano. Posteriormente lo agasajan integrantes del Club Alemán de Temuco y autoridades del Regimiento Tucapel. Más tarde, en la capital, Santiago, es recibido en el Club Aéreo y en la Escuela Militar de Aviación

De regreso en la Argentina sus camaradas y amigos concurrieron a la estación Retiro, en la Capital Federal para tributarle el digno y justo homenaje al que se ha hecho acreedor.

 

ARRIBA

 

 

Versos en su memoria

 

El talentoso Milton Aguilar escribió el poema “Teniente Candelaria”.

 

http://www.lmneuquen.com.ar/08-03-14/n_pioneros42.asp

 

 

Candelaria remonta una esperanza

con el hilo celeste de su sueño

y el tábano que monta su coraje

le zumba en los oídos del silencio.

 

Inmóvil con lanza de sus soles

se cuadra en su honor el Michacheo

cuando cruza majestuoso por los aires

desafiando las furias de los vientos

 

Búsquenme en la cordillera si no vuelvo.

Búsquenme en la cordillera si no vuelvo.

Y si vuelvo, ¡que algún día para siempre

velen mis desvelos las lunas del Norte Zapalero!

 

A su paso lo saludan las banderas

que levantan los Andes en el cielo,

y se vuelve infinito azul y blanco

con la gloria metida hasta los huesos.

 

La historia lo recibe al caer

como un pájaro herido entre los cerros.

Las manos del copihue lo levanta.

Cuando sangra, se hace su boca flor de Ceibo.

 

ARRIBA